Atrapado por el psicologismo

Es bastante común oír hablar de temas psicológicos. Existen centenares de cursos o conferencias, programas de radio, artículos de revistas, entre otras cosas. Pertenecemos –por lo menos en apariencia– a la sociedad con más conocimientos sobre lo que implican las emociones, los sentimientos, los procesos mentales, el desarrollo de la personalidad y todo aquello que tiene que ver con ese mundo misterioso y fascinante que es nuestra afectividad y nuestra mente. Pero, ¿qué pasa cuando una persona interpreta el mundo únicamente en clave psicológica? Esta postura se llama psicologismo y puede traerle algunas dificultades o esconder los propios miedos o prejuicios.

Tal vez estés pensando: “yo no soy así”, “no he caído en eso”, sin embargo, alguna vez has asistido a algún curso sobre psicología y una vez termina el curso empiezas a analizar a cuanta persona te encuentras en el camino, identificando su tipo de personalidad y haciendo diagnósticos sobre cómo va a actuar y si se debe, o no, confiar en él o ella. En ocasiones, con el simple hecho de leer un artículo en una revista o haber visto un reportaje en la televisión ya creemos tener todos los elementos para hacer estos juicios.

¿Cuál es la causa de que una persona tenga una postura psicologista? ¿Qué se esconde detrás? La respuesta de estas preguntas no puede ser general, debido a que en cada uno suele ser algo diferente, sin embargo a continuación algunas ideas que podrían dar luz en este sentido:

  1. Refugio. El psicologismo puede ser una manera de refugiarme. En ocasiones hay heridas en relaciones pasadas, las cuales trato de evitar. A través de un continuo y obsesivo análisis de las personas a mi alrededor, me mantengo “seguro” en mi fortaleza psicológica, pero no me abro a la vida en realidad.
  2. Prejuicios. Por medio de argumentos psicológicos, es una manera elegante y que puede pasar desapercibida, de dar rienda suelta a mis prejuicios más profundos, muchas veces inconscientes. Por ejemplo, una persona a quien no le gusta otra por ser demasiado “impulsiva”, etiquetándola y haciendo comentarios agresivos o despectivos sobre ésta.
  3. Defensa ante las propias emociones. ¡Qué fácil es mantenerse aislado en los muros de un juicio psicológico! Podemos estar continuamente enjuiciando los actos de otros y su manejo de emociones, lo que evita el contacto con las nuestras, así como el propio involucramiento.
  4. Cerrarse a la vida. Hay veces que interpretar todo en clave psicológica, impide que me encuentre abierto a las oportunidades que la vida me plantea: “tal vez esa persona se quiere acercar a mí porque ve a un padre que no tuvo, o tal vez está proyectándome algo”. Es difícil fluir si el monstruo del psicologismo nos persigue.
  5. Evitar recibir acompañamiento. Si una persona considera que tiene todas las herramientas psicológicas que necesita, se engaña y piensa: “yo me autonalizo y me dirijo” o tal vez piense: “nadie es suficientemente confiable”. Pareciera que no es posible encontrar a alguien con el perfil psicológico suficientemente sano para que sea digno de acompañar a esta persona.

De ninguna manera se quiere decir que el análisis psicológico de la realidad no sea importante, lo es y mucho. Empero, puede convertirse en un refugio si no somos capaces de hacerlo con la mayor objetividad, identificando cuando es una defensa o coraza, más que un análisis verdadero. Para diferenciar esta situación, la clave es preguntarse: ¿este análisis me está abriendo o cerrando a la realidad? ¿Me ayuda a comprender al otro o a etiquetarlo? Los conocimientos psicológicos deben ayudarnos a ver con más claridad, a comprender a los de más y nosotros mismos, a evitar los prejuicios. Si esto no es así, posiblemente estemos atrapados por el psicologismo.

 

Referencias:

– Frankl, Viktor E., Psicoanálisis y existencialismo: de la psicoterapia a la logoterapia. México: Fondo de Cultura Económica. 1978.