La autoridad de San José

nacimiento-jesus-tintoretto

Algo muy común en la Iglesia es recurrir a la vida de los santos para aprender los tesoros de vidas ejemplares, sin embargo, cuando se trata de San José, sin duda alguna nos encontramos delante de un gran silencio.

En esta ocasión queremos dar una mirada al interior de la vida de este santo que parece tener la intención de siempre permanecer en silencio. Profundicemos sobre el papel de San José al interior de la Sagrada Familia.

Lo poco que nos revelan las Sagradas Escrituras es que la familia de Nazaret era una familia que experimentaba las cosas más normales que pasa una familia más: trabajo, proyectos de vida, dudas, retos fuertes, problemas familiares, decisiones importantes, dificultades sociales, vida religiosa, cumplimiento de leyes, etc. Sin embargo también vivían el lado extremo de lo sobrenatural: revelaciones divinas, apariciones de ángeles mensajeros, testigos y beneficiarios directos de obras del Espíritu Santo, etc. Y ante todo esto, vamos a poner la mirada en San José, que es la cabeza de la familia y por lo tanto tiene la autoridad.

No entraremos al círculo de dudas de si la autoridad del varón era cultural y después lo confirmó la revelación “…sentirás atracción por tu marido, y él te dominará…” (Gn 3, 16), o viceversa, si fue la revelación la base de esta autoridad del varón a nivel cultural. Lo que sí tenemos claro es que esta autoridad fue asumida como algo natural en el Pueblo de Israel, era algo incuestionable: el hombre tenía la autoridad de su familia y la toma de decisiones.

Recordemos que José asume “apresuradamente” el papel de esposo y padre debido a intervenciones divinas, es decir, el mensaje del ángel invitándole a tomar a María como esposa y acoger a Jesús como si fuera su propio hijo. Sin embargo, previo a esto, José ya tenía la intención de tomar a María como esposa, son planes que se sobre entienden al ver en los evangelios que María era la prometida de José (Lc 1, 27).

Es conveniente reflexionar pues el porqué de la autoridad y sus implicancias en nuestras vidas o al interior de cualquier organización. Se podría pensar que el hecho de que una sola persona tenga la autoridad es injusticia o desigualdad, sin embargo es todo lo contrario, porque tener la autoridad significa comprometerse a custodiar a sus personas, cuidar por su seguridad y procurar el bien común. Esto hace que la organización de cualquier índole tenga un mejor funcionamiento, haya productividad y paz, por ejemplo al interior de una comunidad religiosa: conviene que la autoridad sea asumida por los superiores, pues los años de experiencia les facilitan la toma de decisiones, saben cómo actuar ante diversos acontecimientos y saben reaccionar a situaciones adversas. No cabe duda pues que la autoridad es algo natural en vista al orden, al buen funcionamiento, a la paz. El problema es cuanto se nos dificulta asumir que alguien sea mi superior y tenga autoridad sobre mi persona, en esos casos conviene profundizar, no en los beneficios de tener una autoridad, pues está claro que bajo esas circunstancias parece imposible ver o hablar de beneficios, conviene más bien reflexionar en el porqué de esa dificultad de obedecer. Todo nos llevará a etapas muy determinadas de nuestra infancia, que es el tiempo de acoger las enseñanzas y a partir de ello formular un carácter, y precisamente por eso es necesario que esté siempre presente el que enseña (padres) y el que recibe la enseñanza (hijos), además de la presencia, es necesario que los encargados de transmitir enseñanzas sean lo suficientemente maduros para transmitir una pedagogía que también debe ser saludable. Si hay ausencia de padres, ausencia de madurez en los padres o una mala pedagogía, lo más seguro es que se está deformando en el niño el concepto de “autoridad” y por lo tanto será un problema someterse o tratar de obedecer a los superiores de cualquier índole: civil, religioso, educativo, etc. Después de todas estas reflexiones, volvemos a pensar en San José y nos queda claro que hizo un buen trabajo en la familia de Nazaret, su figura de padre y autoridad fue tan buena que encontramos un Jesús que no tiene problemas contra la ley: “yo no he venido a abolir la ley, sino a dar cumplimiento…” (Mt 5, 17), un Jesús que cumple con sus responsabilidades civiles y paga sus impuestos: “ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti…” (Mt 17, 27), un Jesús que respeta la autoridad religiosa: “…los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen…” 

Vemos pues que la figura de San José era necesaria en la familia de Nazaret, porque la pedagogía divina que nos traía Jesús, era necesario gestarla al interior de una familia sana donde la formación humana fuera la base de la madurez de Jesús. Agradezcamos pues a San José por su desempeño como padre de Jesús.

 

Preguntas de reflexión:

¿Descubro alguna dificultad o incomodidad al escuchar una orden por parte de la autoridad?

Para los superiores, ¿me cuesta trabajo asumir la autoridad y toma de decisiones?