La fuerza del grupo.

“Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Mateo 18, 20

 

¿Te has imaginado cómo era la convivencia entre los apóstoles? ¿Has pensado si en algún momento habrían dudado sobre el mensaje del Reino de Dios? ¿Crees que pudieron haber compartido sus dudas entre ellos y con Jesús? ¿Discutían? ¿Se apoyaban?

 

Lo cierto es que aquel conjunto de personas era un grupo formativo, dentro del cual se preparaban en varios aspectos: espiritual, personal, comunitario, etc. Era un grupo de apoyo mutuo que fue madurando y cohesionándose con el paso del tiempo. También es verdad que a Jesús le interesaba escuchar las experiencias adquiridas por sus discípulos cuando éstos predicaban, saber cómo estas experiencias habían calado hondo en ellos y cómo los transformaban poco a poco: “y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado” (Marcos 6,30). Vemos aquí un claro ejemplo de lo importante que es compartir y aprender del otro, porque podemos suponer que incluso el Hijo de Dios también se regocijaba a través de esta convivencia.

 

Se trataba de un conjunto concreto de personas que habían establecido una relación íntima con Jesús y unos con otros. Ninguno de los apóstoles pudo haber sido la persona que después fue si no hubiera atravesado por esa experiencia de grupo; obteniendo un aprendizaje que los fortaleció para que, finalmente, cada uno tomara su propio camino.

 

La fuerza del grupo se construye con lo que cada uno aporta a él. Cada miembro brinda elementos importantes al grupo y recibe elementos valiosos de éste. Uno aprende, pero también enseña; uno es apoyado por el grupo, pero también apoya a los otros. La convivencia con los demás nos modifica, nos transforma.

 

Refiriéndonos al ámbito específico de la psicología, un número importante de psiquiatras y psicólogos consideran que la terapia de grupo es eficaz en el tratamiento de una gran variedad de problemáticas. Vemos aquí otro ejemplo de lo importante que es la dinámica grupal, en el área de la salud mental.

 

Es por eso que, tomando en consideración la importancia de la convivencia comunitaria, te invitamos a participar en una psicoterapia de grupo, la cual está diseñada para llevarse a cabo en tres diferentes grupos: uno conformado por religiosas, otro por seminaristas y el último por sacerdotes. Esta modalidad de psicoterapia podría ser de utilidad para ayudarte a comprender que no estás solo y que compartes muchas cosas en común con otros; mejorará tu capacidad para recibir y dar apoyo; adquirirás herramientas de socialización y resolución de conflictos; además de que tendrás un marco de sostén y acompañamiento muy importante. En un ambiente de respeto y confidencialidad enfocado al crecimiento personal.

 

Hay vivencias que tienen una influencia importante en nosotros, y atravesar por una experiencia de psicoterapia grupal sin duda representa un aprendizaje significativo en muchos aspectos y a muchos niveles.

 

Te invitamos a compartir en grupo, para mejorar tu vocación en la Iglesia y en el mundo.