Mirar el presente ¿sin mirar el pasado?

« Y no eran más que una delgada capa, entre otras muchas, de las impresiones que formaban nuestra vida de entonces; el recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las casas, los caminos, los paseos, desgraciadamente, son tan fugitivos como los años. »[1]

Marcel Proust

 

“Me encontraba de misión en un pueblo lejano a mi hogar. Una persona ya mayor se me acercó a darme las gracias y, de repente, de la nada recordé cuando mi padre nos llevaba a mi hermano y a mi a recoger leña en el campo. No sabía por qué aquella persona que se acercó a agradecerme me causó tanto enfado sin haberme dicho más nada”.

 

Estamos hechos de experiencias, y de pensamientos y sentimientos que acompañan a esas experiencias. Lo que recordemos tiende a ser un puente entre lo que fuimos y lo que somos en el presente; por ello se dice que nuestra existencia tiene un significado que depende a su vez del significado que se le ha dado a cada experiencia. Cada persona recordará quizá las fechas más significativas, los eventos más desagradables, las vivencias más bonitas; o por otro lado, intentará olvidar las menos gratas, sobretodo si aún existe dolor en su interior.

 

Hablar de pasado es hablar de algo que ya no existe salvo por su recuerdo; es hablar de experiencias que fueron en su momento como deberían ser aunque no siempre son satisfactorias. Aquello que sucedió nos hace ser en el presente y acceder a esos significados del pasado es echarse un clavado también a lo fangoso de la memoria que a veces nos engaña.

 

¿Alguna vez te has preguntado por qué llegan a tu mente recuerdos que no tenías idea que estaban ahí? Generalmente los recuerdos vienen acompañados de afectos o emociones que nos recuerdan lo que sentimos en ese momento, aunque no con tanta intensidad. Recordar el pasado es un ejercicio terapéutico de búsqueda de respuestas, un ejercicio de consciencia que nos hace encontrar un sentido al presente como consecuencia de un tiempo anterior.

 

Al encontrarse en procesos terapéuticos nos obligamos a realizar esa búsqueda, así como también, requerimos de ella para poder sanar aquello que sigue abierto. Lo curioso de esa búsqueda es que los recuerdos surgen cuando menos esperamos.

 

Podemos contarnos una historia, relatar una autobiografía que explique los momentos más importantes; sin embargo, después de un largo proceso personal podemos descubrir que donde menos recordábamos es donde se encuentran algunas respuestas. Algunas experiencias son inconscientes. ¿Por qué estarían excluidas de la memoria sucesos importantes de nuestras vidas? La respuesta está en cada uno.

 

Hay procesos inconscientes que son detonados porque nuestra percepción se ve comprometida con “algo” del presente que se parece a “algo” del pasado. Es decir, los significados que le vamos dando a todos los estímulos que recibimos estará mediado por nuestras experiencias pasadas. Nuestra mente organiza esos estímulos de la forma que le es más fácil; por ello, el cambio personal implica reorganizar un conjunto de aspectos y entre ellos está los significados del pasado. La terapia psicológica, de cualquier tipo, implica, pensar de manera diferente: cambiar el significado de las experiencias.

 

Muchas veces sucede que percibimos una cosa pero en realidad es otra muy distinta la que está en juego, de ahí, tanto y tantos problemas a la hora de resolver conflictos. Mirar la realidad es intentar mirarla en su totalidad y no sólo parcialidades. Sin darnos cuenta, solemos enfocarnos a un solo aspecto que eclipsa nuestra vista; pero dejamos de lado otros aspectos que pueden ayudarnos a tener una visión más amplia y por lo tanto más realista.

 

Un aroma puede recordarnos a una persona, un sabor puede recordarnos un momento, una persona puede recordarnos nuestras primeras vinculaciones de la infancia y una sola emoción puede darle sentido y significado a la vida. Estas son percepciones parciales que pueden ser gratas y otras veces pueden ser motivo de conflicto.

 

La cuestión es que la percepción es, por excelencia, un proceso subjetivo y por tanto, la única vía para intentar evitar errores perceptuales es mantener un constante autoanálisis que dirija la mirada al interior y que vaya de la mano con nuestra capacidad para cuestionar nuestra memoria. Cuestionar la memoria significa re-signiicar las experiencias prestando atención no a los hechos en sí, sino al significado que tienen en nuestras vidas.

 

“Ahora, después de un proceso personal, me doy cuenta de que aquella persona que se me acercó nada tenía que ver con mi enfado. Lo que recuerdo es que usaba la misma loción que mi padre usaba cuando yo era un niño.”

Para reflexionar:

* ¿He tenido recuerdos que no sé de dónde vienen?

* ¿Soy capaz de cuestionar mi percepción de las cosas?

Referencias bibliográficas:

* Monseny, Josep (2011). El aquí y ahora en el psicoanálisis como discurso y en la experiencia de la cura. En revista: Temas de psicoanálisis. Disponible en: http://www.temasdepsicoanalisis.org/tag/aqui-y-ahora/

* Proust, Marcel (2011). En busca del tiempo perdido. Alianza Editorial.

[1] Extracto del libro “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust.