Motivaciones extrínsecas o intrínsecas … ese es el dilema.

Cuando los jóvenes tienen un encuentro vivo con Jesús, es como enamorarse de una persona a la que se descubre como única y donde las emociones se presentan de una manera desbordante y que lleva muchas veces a replantearse el camino que deben seguir, el estado de vida que brindará plenitud y certidumbre. Lo anterior también lleva a cuestionar las relaciones que se tienen en ese momento, como puede ser una novia, los amigos, la familia y valorar las nuevas relaciones que se establecen en el proceso de discernimiento como el promotor vocacional, los compañeros de clase, los seminaristas más avanzados, los sacerdotes, el obispo, etc.

Esa experiencia obliga a cada joven a pensar cuáles son los beneficios y costos que tiene tomar una decisión – ¿dentro o fuera del seminario?- y eso por supuesto está envuelto de motivaciones que pueden ser externas o internas, por lo que hay que tener mucho cuidado, ya que si el peso de las decisiones está centrado en lo que los demás piensan, creen o sentirán –estamos perdidos-, porque tarde o temprano generará insatisfacción con la opción elegida. No quiere decir que no se debe escuchar la opinión de los demás pero es necesario hacerse responsables de las decisiones que se toman. También es importante que se consideren las motivaciones internas que se tienen al momento de decidir, porque si éstas están centradas en beneficios personales (de poder, poseer, parecer y placer) sin considerar la idea original de servicio a la comunidad y de consagración de la vida misma a Jesús, tarde o temprano se generará una vía alterna de realización que se puede convertir en otra cosa menos en una plenitud de la vocación.

En el proceso de discernimiento hay que considerar tres cosas que requiere una revisión profunda: Identidad, intimidad y generatividad. El primer concepto incluye la identidad sexual, es decir, considerar que la vocación al celibato evangélico implica un rol ocupacional donde se vive la sexualidad en la relación con los demás, el servicio a la comunidad y en la vivencia de la vocación en todo lo que se hace, tanto cognitiva, emocional, social y moral.  En el caso de la intimidad, se debe considerar que la vocación al sacerdocio implica tener empatía, respeto y autenticidad cuando se establecen relaciones con los demás, eso implica negarse en algunas ocasiones a sí mismo por el bien común y no olvidar la elección que se ha hecho. Y por último la generatividad como resultado de un testimonio de vida coherente que da frutos en el apostolado y que requiere tener habilidades como tener control, manejar los momentos de estrés y frustración.

Como verás en el proceso de discernimiento se debe tomar en cuenta que la identidad se va construyendo poco a poco, pero que eso también implica que se tomen decisiones libres, intrínsecas, coherentes con la vocación, que si bien hay personas que están al pendiente del proceso que se lleva, solo es responsabilidad de la persona tomar la decisión de permanecer o no en un camino que llene su corazón y sus expectativas.

 

¿Alguna vez he pensado cuáles son mis verdaderas motivaciones?

¿Busco satisfacer mis deseos sin considerar mis procesos formativos?

¿Alguna vez he sentido que respondo a las exigencias de los demás sin considerar mis propias decisiones?

¿Qué recursos tengo para el discernimiento vocacional?

 

Recomendación:

Cencini A. Virginidad y celibato, hoy. España: Sal Terae. 2006, 230 p.