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Evaluar para la vida




Almas psicología

Imaginemos a un adolescente afroamericano de 16 años que vive en Estados Unidos. Este joven juega básquetbol en el equipo de su escuela y es un fanático apasionado de ese deporte. Este chico siente una gran admiración por basquetbolistas famosos y él mismo desea ser un jugador profesional, tal vez el mejor. Pero un día su entrenador decide dejarlo fuera del equipo, porque considera que no tiene las características físicas necesarias (tiene baja estatura) y tampoco cuenta con las habilidades para ser un buen jugador. El joven de nuestra historia no se desanima por esta noticia (él desea jugar básquetbol) y a partir de ese momento decide que va a entrenar todos los días. Todos los días. Y cuando algunos de sus amigos van a fiestas, él prefiere entrenar; cuando sus compañeros están de vacaciones, él realiza largas sesiones de entrenamiento. También modifica su dieta para adquirir mayor masa muscular. Finalmente, adquiere las habilidades necesarias para ser incluido nuevamente en el equipo de su escuela. En realidad nos referimos a Michael Jordan, considerado por la mayoría de aficionados y especialistas como el mejor jugador de básquetbol de todos los tiempos.

Algunos pensarán que ciertas personas nacen con grandes aptitudes para los deportes, la música, matemáticas, pintura, liderazgo, etc., y que, por este simple hecho, han podido sobresalir en la vida sin tanto esfuerzo. Pero nacer con ciertas aptitudes tal vez no sea suficiente para destacar en alguna actividad, porque las aptitudes poco desarrolladas se desaprovechan. Por otra parte, una elevada motivación en algunos casos no sustituye la falta de aptitudes. A veces por más motivada que esté una persona, simplemente no cuenta con las aptitudes necesarias para realizar alguna tarea de manera eficiente, en lenguaje coloquial diríamos que “eso no es lo suyo”. En el caso de Michael Jordan, observamos que él tenía una alta motivación para convertirse en un jugador profesional, pero también poseía un elevado potencial atlético que tuvo que esforzarse por incrementar. Cuando alguien cuenta con aptitudes específicas y además con la motivación suficiente para desarrollarlas, el resultado es un desempeño óptimo en la actividad que realiza, y en algunos casos la persona puede llegar a ser realmente virtuosa en lo que hace y lograr cosas extraordinarias.

¿Las aptitudes se pueden medir? Puede darse el caso que alguien no tenga muy claro o no sea consciente de sus propias aptitudes o capacidades, por lo tanto tendrá menos posibilidades de desarrollar su potencial. Existen pruebas psicológicas que miden específicamente ciertas aptitudes (matemáticas, artísticas, verbales, deportivas, manuales, etc.). En la medida en que cada uno identifiquemos con mayor precisión las aptitudes en las que destacamos y podamos desarrollarlas, incrementaremos significativamente la posibilidad de realizar nuestras funciones de manera más eficiente, estaremos más motivados y también más satisfechos con nuestra labor cotidiana. Valdría la pena evaluar más para la vida, desde una perspectiva más humanista y menos utilitarista.

Hasta ahora hemos hablado principalmente de aptitudes, ¿pero qué otros rasgos o aspectos individuales podemos evaluar con las pruebas psicológicas? A través de diferentes pruebas podemos medir intereses, motivaciones, rasgos de personalidad, niveles de depresión o ansiedad, estilos de comunicación, etc. Las diversas características que evaluamos tienen una relación importante con nuestra conducta real en situaciones cotidianas y también nos permite predecir con cierto margen de acierto la conducta futura de las personas evaluadas. Evaluamos para conocer características individuales y predecir la conducta futura.

Ahora suponga que usted es Rector de algún Seminario, o es parte del equipo formador. Tal vez usted sea Superiora. En estos casos que mencionamos usted podría pensar de qué otra manera sería apropiado evaluar la dimensión humana de los candidatos a la vida consagrada o sacerdotal. Una opción es realizar una valoración psicológica compuesta por diferentes pruebas que brinden la mayor información posible sobre algunos rasgos particulares. Por ejemplo, usted podría disponer de información útil sobre los aspirantes en aspectos como: capacidad de adaptación para vivir en comunidad, disposición para trabajar en equipo, estilos de afrontamiento ante situaciones de conflicto, habilidades para manejar el estrés, aptitudes de liderazgo, dificultades de socialización, si existe una tendencia a realizar comportamientos antisociales, capacidad de autocontrol y estabilidad emocional, resistencia ante la adversidad, etc. Recuerde la importancia de poner a las personas adecuadas en los lugares adecuados.

Finalmente, independientemente de nuestras aptitudes, todos tenemos un potencial de desarrollo que con el esfuerzo adecuado, puede brindarnos satisfacciones importantes a nivel personal y comunitario.

Le invitamos a consultar con su profesional de la salud mental de qué manera las pruebas psicológicas pueden ser de utilidad en su caso particular y para beneficio de su comunidad.

Preguntas para reflexionar:

Si en mi historia de vida he sufrido experiencias particularmente dolorosas, ¿cómo desearía sentirme para que el resto de mi vida fuera más provechoso?

¿Qué ventajas puedo observar en las valoraciones psicológicas?

¿Todas las personas son aptas para la vida consagrada o sacerdotal?

¿Cuáles son las aptitudes en las que sobresalgo?

Sugerencias para investigar más sobre el tema:

- Hogan, T. (2015). Pruebas psicológicas. Una introducción práctica. Editorial El Manual Moderno. México.




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