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Querer cambiar no basta, hay que saber cómo




« Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos »
Eduardo Galeano


Almas Trascender

En un artículo anterior hemos mencionado que la mayoría de nuestra conducta es aprendida. En nuestra infancia aprendimos a pensar y a comportarnos de cierta manera, y con el tiempo fuimos reforzando nuestro comportamiento, hasta que dejamos de percibir conscientemente lo que hacíamos. Muchas veces actuamos de forma automática, sin reflexionar si eso que hacemos es lo más conveniente para nuestra vida.

Cuántas veces nos hemos dicho a nosotros mismos: “Sé que eso que hago no me conviene. Me lastima y me afecta. Pero, no puedo dejar de hacerlo”.

Un aspecto a considerar es que algunas conductas que llevamos a cabo parecen tener beneficios a corto plazo, o nos brindan cierto grado de alivio inmediato (como beber, fumar, comer en exceso, actuar de forma agresiva, la descarga impulsiva de la sexualidad, discutir, etc.). Sin embargo, las consecuencias de estas acciones podrían tener efectos negativos a largo plazo, y superan por mucho cualquiera de los beneficios inmediatos.

Si usted percibe un deterioro en sus relaciones interpersonales, dificultades en su apostolado, disminución en su capacidad para afrontar situaciones difíciles, explosiones de agresividad, problemas de salud o malestar personal y emocional. Tal vez sea conveniente que pueda plantearse la posibilidad de pedir ayuda.

Su interés por modificar comportamientos negativos implica un primer paso muy positivo. Controlar nuestras emociones y nuestras reacciones automáticas impulsivas, nos puede permitir la posibilidad de vivir una vida más satisfactoria y plena.

El proceso de cambio

El primer objetivo en un proceso de psicoterapia es que los pacientes reconozcan que el problema de su comportamiento inadecuado es suyo, y suya es la tarea de resolverlo. Cuando un paciente entiende que es él o ella, y no los demás, quien tiene que mejorar su forma de actuar, aumenta su disposición para aprender estrategias nuevas de cambio. Usted es responsable de su bienestar emocional.

Establezca objetivos de cambio realistas a corto y largo plazo. Visualice conductas específicas y concretas elegidas como objetivos de cambio.

Es muy importante que el profesional de la salud mental le ayude a tener una compresión clara de la problemática que experimenta actualmente. Recuerde que nuestras vivencias de la infancia tienen una relación directa con nuestras problemáticas actuales y el desarrollo de nuestros síntomas. Sus síntomas son mensajeros de una problemática que tiene un origen, por eso es muy importante entender ese origen.

Aprenda a clasificar y nombrar sus emociones. Esto le permitirá identificar si se siente ansioso, triste, enojado, estresado, frustrado, etc., para desarrollar estrategias de manejo emocional.

Desarrolle la capacidad de manejar el estrés con más efectividad. Bajo circunstancias estresantes, establezca prioridades y centre su atención en las cuestiones más importantes. El estrés reduce la capacidad para pensar con claridad. Le conduce a pensar en términos de negro y blanco, lo que provoca que los asuntos insignificantes se conviertan en grandes problemas.

Adopte una perspectiva mucho más objetiva de la realidad, que le ayude a afrontar los inconvenientes de la vida como lo que realmente son: inconvenientes desagradables y problemáticos. Es un hecho que poseemos una gran capacidad de resiliencia que podemos ir incrementando.

Establezca límites sanos y respete los límites de los demás. Haga ejercicio. Abrace su vocación y viva su espiritualidad de una manera más profunda.

No se dé por vencido, el cambio requiere esfuerzo y tiempo para poder consolidarse. Todos tenemos puntos débiles y motivos de lucha que nos molestan, duelen y frustran. Viva su vida de la manera más digna que le sea posible. No se rinda.

Preguntas para reflexionar:

¿Hay algún aspecto de su persona que le gustaría cambiar?

¿Probablemente tendría más éxito en mi vida si tuviera un mayor control de mis emociones?

Sugerencias para investigar más sobre el tema:

Watzlawick, P. (2013). El arte de amargarse la vida. Editorial Herder. España.




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