Uno va a terapia cuando necesita ir a terapia

 

Si usted considera que no necesita ir a terapia, aún así podría ir a terapia y beneficiarse con esa experiencia.

Si usted piensa que mantiene relaciones estables y satisfactorias dentro y fuera de su congregación y con la feligresía; si su apostolado le apasiona; si considera que tiene una adecuada autoestima y está satisfecho con sus logros y objetivos vitales; si se encuentra contento con su vocación religiosa; si cuida su salud física, mental y espiritual; si invierte tiempo en usted y realiza actividades que le gusta hacer y las lleva a cabo de manera regular; si tiene planes y proyectos a futuro que le entusiasman y le ilusionan; si su relación con Dios es una relación personal que guía su vida. Entonces es muy probable que usted sea una persona emocional y espiritualmente madura. Y tal vez nunca ha pensado ni piensa en este momento en ir a terapia. Incluso no necesita seguir leyendo. Pero aún así lo invitamos a continuar leyendo.

Si actualmente usted se siente insatisfecho con algún aspecto de su vida; se siente ansioso o deprimido; su relación con Dios “se enfrió”; experimenta una soledad intensa; ha descubierto que no le apasiona su apostolado como antes; se siente vacío, piensa que no tiene un propósito de vida claro; está inconforme con su vocación religiosa; mantiene relaciones conflictivas dentro y fuera de su congregación; se ha enamorado y duda de su vocación; o simplemente desea tener un autoconocimiento personal. Quizá necesite un tiempo para reflexionar y platicar con alguien.

Es probable que en algún momento de su vida usted haya contemplado la posibilidad de haber ido terapia, pero por alguna circunstancia decidió no hacerlo. ¿Qué le parecería volver a contemplar esta posibilidad con más calma?

O tal vez conoce a alguien que considere pudiera beneficiarse con una psicoterapia. Si usted se encuentra a cargo de la formación de candidatos a la vida consagrada, es posible que algún candidato necesite trabajar más en el aspecto humano en su formación.

Ir a terapia es una inversión. Uno invierte tiempo, dinero, energía, compromiso, etc. ¿Pero qué recibe a cambio? La posibilidad de vivir mejor. Eso recibe a cambio.

La persona que vive la experiencia de la psicoterapia seguirá teniendo problemas a lo largo de su vida, porque en la vida tendrá que afrontar invariablemente una serie de dificultades, pero aprenderá herramientas útiles para lidiar con esas dificultades. Enfocará sus recursos personales y su energía en un proyecto de vida que le apasione. Aprenderá a perdonarse, aceptarse y amarse a sí mismo, para poder amar a los demás y a Dios, desde una madurez psicológica de acuerdo a sus posibilidades.

Uno va a terapia cuando necesita ir a terapia.

Si usted considera que no necesita ir a terapia, tal vez no es su momento de ir. Pero si piensa que es tiempo para ir a terapia y hablar con un especialista, hágalo. La puerta siempre estará abierta.