“¿Voy por el camino correcto? Sé que no lo sé”

decision0

Objetivo:

Identificar la importancia del análisis e influencia de lo inconsciente y que ello permita  una toma de decisiones más consciente.

“¿Voy por el camino correcto? Sé que no lo sé”

Tomar una decisión es lo que nos permite realizar cambios; con base en nuestro cúmulo de experiencias, decidimos tomar un camino o huir de él de tal suerte que nos forjamos la vereda hacia nuestras metas. En el camino siempre podemos encontrar impedimentos para continuar, y superarlos nos llena de riqueza espiritual a la vez que nos enseña a posicionarnos frente a lo difícil de la vida. Elegir conlleva un ejercicio de evaluación sobre si el resultado satisfará las necesidades propias o afectará nuestros intereses. Sin embargo, a medida que se reflexiona, nos encontramos con que imprimimos en cada decisión un parte de nosotros mismos; es decir, la dirección de nuestros pensamientos será una firma de nuestro sentir. ¿Qué sucede cuando no tenemos claramente definido el sentido de nuestros pasos? El camino inicial de encontrar la vocación es un sendero oscuro por el que vamos a tientas sin saber si resultará, en especial cuando el primer camino a recorrer es nuestra identidad. El saber sobre sí mismo nos permite tomar decisiones acordes con nuestro proyecto de vida, con nuestra fe; en ese sentido, el mapa de nuestro horizonte ha sido trazado por la pluma que llevamos impresa en el alma, en aquello que nos construye.

Las decisiones son parte de nuestro crecimiento, tanto que a veces las tomamos sin darnos cuenta, es decir, algunos de nuestros actos salen de nuestra conciencia y a medida que avanzamos nos damos cuenta de que una o varias razones nos llevaron a esas consecuencias y que no siempre sabemos por qué sucedió así. Es imposible calcular cada uno de nuestros movimientos y, por eso mismo, es importante que cuando llegan momentos de decisión importantes tengamos objetivos claros así como un conocimiento personal.

Nuestra personalidad además de ser muy compleja, tiene como característica el repetir ciertos patrones con los cuales hemos logrado resolver problemas en el pasado pero que no siempre aplican para todas las decisiones; el conflicto surge cuando esas repeticiones no son las adecuadas y nos han traído infelicidad. Es por ello que resaltamos la importancia de detenerse a pensar y analizar si las decisiones que tomamos nos hacen del todo felices, o si nuestra personalidad ha impedido que avancemos o nos arrepintamos de ellas. “¿Alguna vez he sentido que esto ya lo había vivido antes? ¿Será que siempre reacciono así cuando me frustro?” Estas trampas de repetir conductas nos permiten afrontar adversidades en algunas situaciones, sin embargo, nos cerramos a la posibilidad de elegir nuevas rutas y atraer consecuencias más positivas. El tener conscientes nuestras debilidades, nuestros miedos, nuestras limitaciones nos ofrece mayor libertad y paradójicamente reconocer la falta en uno mismo nos hace más completos.

Decidir tendrá que ser una posibilidad de encuentro de nuestros objetivos con alternativas más plenas a la  vez que permite arrepentirse menos de lo que decisiones a ciegas nos traen. Tener en mente que nuestras decisiones van más allá de lo que conscientemente podemos dilucidar y que a pesar de eso podemos tomar riendas sobre las consecuencias parece ser la manera más responsable de comportarnos libremente.

 

Para reflexionar:

¿Qué busco cuando elijo un camino?

¿Repito los mismos patrones que en el pasado?

¿He pensado en mis motivaciones inconscientes?

 

Powell, J. (1995) El enigma del yo. Guía del autoconocimiento. Texas: Ed. Sal Terrae