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Ayuno de rencor




Almas Ayuno de Rencor

Este tiempo de Cuaresma, es un buen momento para que revises los rencores que pueden haber anidado en tu corazón, llenándote de amargura y que te impiden ser plenamente feliz.

Piensa y examina si tienes alguna queja contra alguien o si existe una ofensa que no hayas perdonado. Si es así, ahora reflexiona sobre todo lo que Dios te ha perdonado a lo largo de tu vida y agradécele que nunca te ha guardado rencor.

Ahora mira los agravios que te han hecho a ti y ponlos frente a todos los que has cometido tú contra Dios ¿cuáles son más?, ¿cuáles son más injustos?, ¿ha hecho algo Dios para merecerlos?

El rencor, no te deja ser feliz y te ancla al pasado; nada es más liberador que poder vivir el momento presente y proyectarte a un futuro. El rencor, no te permite disfrutar el presente y ensombrece los momentos alegres.

Tú que has experimentado el perdón en carne propia, no te niegues la posibilidad de experimentar el perdonar y liberarte de los rencores que solo han llenado tu corazón de tristeza.

Los dos ladrones al lado de la Cruz de Nuestro Señor nos demuestran muy bien lo que es dejarse llevar por el rencor y lo que es liberarse de él aceptando nuestros errores, pidiendo perdón y perdonando.

El mal ladrón está dominado por la ira, el coraje, no acepta que está en la cruz por su culpa y exige al Señor que lo libere. Su rencor le impide ver la misericordia del Señor.

En cambio, Dimas, el buen ladrón, se conmueve de la actitud del Señor y acepta que él debe pagar por lo que ha hecho. Se libera de sus resentimientos y eso le permite abrirse a la misericordia de Dios, ya no tiene esa carga que le oprimía su corazón. Intenta en esta Cuaresma liberarte de los pequeños o grandes rencores, iniciando tu proceso de liberación en la oración, que como nos dice el Papá Francisco en su mensaje para esta Cuaresma:

“Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad”

Deja que Dios toque tu corazón en la oración para convertirlo en un corazón de carne capaz de perdonar, olvidar y liberarse para abrirse a la misericordia. Más importante que el ayuno material es el ayuno espiritual de las cosas que nos impiden abrirnos completamente a la gracia de Dios.




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